¡Vaya locura! Esta semana reventó una noticia que nos dejó diciendo: “¿Y este mundo qué onda?”. Resulta que, según el periódico El Siglo de Torreón, unas imágenes generadas con inteligencia artificial al estilo Studio Ghibli se tiraron más de 200 millones de litros de agua en apenas cinco días. ¿Qué? ¿Estaban entrenando a Totoro para nadar en la represa del Cajón o qué?
En Baleada Geek nos encanta la tecnología, pero tampoco tragamos entero. Aquí te traemos el contexto real detrás de la noticia, el impacto que tiene esto (si lo tiene), y cómo deberíamos tomarlo sin caer en lo amarillista.
¿Se nos va a acabar el agua?
Primero lo primero: el agua dulce no se está acabando así nomás, pero sí puede volverse inutilizable, inaccesible o escasa en muchos lugares. Solo el 2.5% del agua del mundo es dulce, y de ese porcentaje, menos del 1% está disponible para que lo usemos. O sea, como diría tu abuela: “no hay pa’ tanto”.
El problema es que la estamos malgastando, contaminando y chupando más rápido de lo que se repone. Aquí te van unos ejemplos que sí duelen:
- Sobreexplotamos los acuíferos como si no hubiera mañana.
- Lanzamos cochinadas a los ríos como si fueran basureros.
- El cambio climático está trastocando los patrones de lluvia.
- Y por si fuera poco, las ciudades crecen, y con ellas, el consumo bestial de agua.

Pero… ¿qué tiene que ver Ghibli en todo esto?
La polémica arrancó porque alguien notó que los centros de datos que procesan imágenes con IA (como las de estilo Ghibli) usan muchísima agua para enfriarse. Y sí, los servidores también sudan, y para que no revienten por el calor, necesitan sistemas de refrigeración. Muchos de estos centros usan agua para eso, y no poquita.
Según el artículo, el consumo estimado fue de 216 millones de litros en cinco días. Eso suena a montón, y sí lo es… pero cuidado con tragarse el cuento sin revisar bien el contexto.
Porque aunque parezca escandaloso, en la práctica este tipo de consumo sigue siendo una fracción pequeña comparado con otras industrias (como la agrícola o la minera). Además, muchas veces el agua se reutiliza, o es parte de sistemas cerrados. Así que, sí hay consumo, pero no es como que cada imagen de IA venga con una factura de agua para vos.
No culpemos a Totoro por nuestros pecados
El problema no es que la gente quiera jugar con IA o subir imágenes chulas a redes. El problema es que no estamos hablando suficiente sobre el impacto ambiental de todo nuestro ecosistema digital.
Oíme, todos usamos la nube, vemos streaming, entrenamos modelos, jugamos en línea y pedimos comida por apps. Cada acción tiene su huellita energética y, sí, también hídrica. Pero no por eso vamos a salir gritando «¡se acaba el mundo porque hice un meme!»
Lo que necesitamos es hablar con criterio y presionar para que los centros de datos y los desarrolladores de IA sean más verdes y responsables.
Más conciencia, menos show
No es que las imágenes Ghibli estén secando el planeta, ni que la IA sea el nuevo villano climático. Pero tampoco es cosa de hacerle la vista gorda.
Lo que sí podemos hacer es:
- Aprender sobre el consumo real de agua de las tecnologías que usamos.
- Promover el uso de energías limpias y refrigeración responsable en centros de datos.
- No caer en el sensacionalismo barato.
Y si querés ayudar sin drama, empezá por casa: cerrá la llave cuando te laves los dientes, no regués el cemento y no tires memes mojados si no sabés cuánto pesan.
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